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ALGUNAS
CONSIDERACIONES TÉCNICAS
Desde
la presentación de la primera versión de este trabajo
el pasado mes de febrero, se han realizado algunos cálculos
con ánimo de conocer las divisiones que a partir de
las tres estaciones señaladas se hicieron en La Corona,
sin embargo todavía no se ha llegado a una conclusión
definitiva salvo que resulta evidente que sus crónlechs
representan él Camino de la luna, de forma clásica.
El Camino de la luna, parece que en todas las civilizaciones
fue el precursor del zodiaco. Hemos heredado diferentes
caminos que listan y enumeran los asterismos que recorre
la luna en su girar alrededor de la tierra y contra
las estrellas, las listas Mul Apin, dan un listado de
17 constelaciones, a las que algunos autores concretan
con estrellas de referencia, coincidentes en buen número
de ocasiones con las que se encuentran en La Corona.
En la India, en los primeros siglos del último milenio
antes de Cristo, a las estaciones lunares les llamaron
nakshatra y totalizaron unas veces 28 y otras
27, en correspondencia a los 28 días —27 días, 7 horas y 43 minutos— que tarda la luna en completar su ciclo mensual contra las estrellas,
mes sideral; los árabes a las estaciones lunares les
llamaron manaziles y al decir de algunos autores los
conocían antes de Mahoma —570 d. C. —, contaban 28 manazil, voz derivada de una palabra acadia que
quiere decir mansiones, referidas a los asterismos en
los que se iba encontrando la luna durante su ciclo
anual. Tanto en Mesopotamia, la India, Arabia o China
donde también dividían el camino de la luna en 28
sieu o casas, el mes, comenzaba con la primera aparición
de la luna creciente al atardecer, cuando sol y luna
se acuestan en el horizonte oeste. El camino de la luna
no coincide exactamente con la eclíptica debido a que
aquél tiene un inclinación de 5º a uno y otro lado de
ésta, de forma que aparece más ancho.
En Mesopotamia inicialmente el calendario fue lunar,
los meses empezaban con la luna creciente en el horizonte
oeste después de la caída del sol. Estos meses lunares
sinódicos tenía realmente 29,53... días, es decir que
la luna crecía después de 29 o 30 días y el año de 12
meses tenía aproximadamente 354 días. Las celebraciones
rituales y las labores del campo seguían el ciclo solar
que como sabemos es de 365,25 días, produciéndose una
diferencia entre ambos años lunar y solar que era preciso
colmar intercalando unos 11 días complementarios por
año. Hasta aproximadamente el 380 a. C. no comenzaron
las interposiciones tipificadas, antes de esa fecha
se añadía un décimo tercer mes cada tres años aproximadamente.
Este sistema de intercalación intermitente y no sistemática,
se decidía en Mesopotamia, mediante observaciones. Las
tablas Mul-Apin presentan dos esquemas de intercalaciones
como reflejan Hunger & Pingree en Astral Sciences
in Mesopotamia, p.75-79, una primera, Mul-Apin II
i 22-24, se funda en la observación de la salida del
sol, el tiempo de visibilidad de la luna y la aparición
de la Flecha —en principio el Can Mayor— el día 15 de los meses I, IV, VII y XI, es decir de teórica luna
llena, en los equinoccios y solsticios. Observación
que permitía ver los días en exceso en cálculo que se
omite. El segundo esquema, Mul-Apin II A I - ii 20,
se basa en que el año solar está definido por la estancia
del sol que pasa un período de tres meses en los Caminos
de Enlil y Ea y dos períodos de tres meses cada uno
en el Camino de Anu. Sin entrar en detalles, estas estancias
muestran un calendario ideal, en el que determinados
fenómenos deben de suceder en fechas fijas, al retrasarse
aquéllos en el calendario real, apuntan la conveniencia
de la intercalación de un mes para adaptar de nuevo
el año real lunar, al ideal solar. Sospecho, ignoro
con qué fundamento todavía, que las dos anomalías geométricas
que se observan en el dibujo
3, con respecto a la bóveda celeste y a la precisión
que nos tienen acostumbrados los constructores del crp,
pudieran deberse a que estas incoherencias gráficas,
fueron realizadas con ánimo de calcular tanto la relación
de estos caminos con el Norte preciso en un momento
dado, como el desfase del ciclo lunar sobre el solar.
Continuando con las analogías observables
entre la Corona y las listas Mul-Apin, empezando por
el tramo Ku-Or,
que se encuentra prácticamente completo, podemos observar,
siguiendo el dibujo
3, las listas de equiparaciones crónlechs-estrellas
de este trabajo y las listas Mul-Apin en la parte referente
a las 33 estrellas del Camino de Enlil, las 23 del de
Anu y las 15 del de Ea, que el sector Ku-Or
arranca con Ku, a del Pez Austral, primera estrella de Ea en las tablas Mul-Apin,
círculo K,
situado a la derecha del dibujo, para a continuación
extenderse hacia la izquierda mostrando al norte estrellas
del Camino de Enlil: k2,
k1, k3, k4, k5, k?1, k8 y k9, seguidas y acompañadas
por estrellas del Camino de Anu, hasta la línea de separación
del grupo Or que vuelve a estar encabezado al norte
por estrellas del Camino de Enlil, círculos: o1, o2, o3, o4, o5, o7, o8, o9, o10, o15, o16 y o17 en representación de estrellas de
los Grandes Gemelos, de Cáncer y de los Pequeños Gemelos
que se unen en o18 con a Ori con el Verdadero Pastor
Celeste —Orión— y el Camino de Anu. En definitiva, la
disposición de los círculos de La
Corona, no parece ajena a las listas Mul-Apin.
En sentido más amplio, la astronomía
que refleja el crp, amén de con las tablas Mul-Apin,
tiene claros, aunque todavía no bien definidos, antecedentes
históricos en cuanto se viene diciendo de forma deslavazada
por cuanto se investiga y expone simultáneamente. Así
veo en www.geocities.com/astrologyzodiacs/lunarzodiac.htm
que el zodíaco sideral védico, con raíces en el Rig
Veda —aproximadamente, 1500 a. C. —, cuenta con 27
nakshatras de las cuales sólo 17 están situadas en el
zodíaco solar real que tiene pocas estrellas brillantes.
Por contra, el zodíaco
lunar védico cuenta con varias viejas conocidas
pirenaicas, que, visto lo visto, su continuada presencia
puede empezar a tener explicación más fundada. Así el
nakshatra 15, Swati, está capitaneado por Arturo, Unain;
el 6, Ardra, por Betelgeuse que se encuentra a unos
15º de la eclíptica fuera de la banda lunar; el 9, Aslesha,
por Alphard, La solitaria, acreditada desde 0100-03-18:
Beltzuntza, ramal de Bel, soñé en su día, y etc. Las
referencias de las mansiones lunares del zodíaco védico:
1. b Ari, 2. 41 Ari, 3. h Tau, 4. a Tau, 5. l Ori, 6. a Ori, 7. b Gem, 8. d Cnc, 9. a Hya, 10. a Leo, 11. d Leo, 12. b Leo, 13. d Crv, 14. a Vir, 15. a Boo, 16. a Lib, 17. d Sco, 18. a Sco, 19. l Sco, 20. d Sgr, 21. s Sgr, 22. a Aql, 23. b Del, 24. l Aqr, 25. a Peg, 26. g Peg, 27. z Psc, —en negrita,
la división en tres, del Camino
lunar védico, adaptable a La
Corona—, son en su mayor parte fiel reflejo y calco
de lo encontrado previamente en La Corona, sin que con esto se quiera decir
en modo alguno que las representaciones de la primera
estén inspiradas en las tablas Mul-Apin o en el zodíaco
védico ni viceversa, pero sí que realizaciones, al parecer
de calendario, como la que estamos estudiando aparentan
corresponder a una astronomía empírica histórica que
debió de nacer bajo cielos más fáciles de leer que el
pirenaico, con frecuencia tan escaso de visibilidad.
En principio, un año de 27 nakshatra dividido en tres
estaciones, tendría 9 por estación. Los cambios de estación
en el zodíaco lunar védico, por analogía con La Corona,
corresponderían en los nakshatra 24, 15 y 6, relacionados
con l
Aqr, a Ori y a Boo, respectivamente. Acuario fue en la Antigüedad una constelación
asociada con frecuencia a Fomalhaut, aquí, en el Pirineo
recuérdese lo dicho en Del
crónlech pirenaico, página 297, en 0100-02-03 Ezkain
y en la 2ª entrega de cromlechpyrene.com,
que mostraban un asterismo con Ku con el acompañamiento
de d Aqr, Skat, como en Kauso, que invita a pensar en
una posible asociación del vigésimo cuarto nakshatra
con Fomalhaut; de otra parte, el décimo quinto nakshatra,
está localizado comúnmente en Arturo, y, como se ha
citado más arriba hay autores —David Frawley en The Nakshatras, the lunar mansions of Vedic astrology, p 23— que en
el sexto nakshatra, Ardra, ponen a Betelgeuse, asociada
a Sirio. Realidades históricas todas, en sintonía con
lo que muestra La Corona. No obstante, para adentrarse en un estudio comparativo
serio, sobre las analogías existentes entre las estrellas
representadas en La Corona y las citadas en otros calendarios
lunares y listados secuenciales de estrellas, harían
falta unas circunstancias que no se dan, en primer lugar
un cierto interés por cuanto vengo diciendo desde hace
más de una década, que propicie la decidida conservación
de los monumentos, la limpieza del terreno en el que
se asientan —bosque incluido—, la reconstrucción del
paisaje y los crónlechs, la incorporación de gente joven
y bien formada al proyecto, etc.
Se ha hecho una equiparación astronómica que, en grandes
líneas y para la mayor parte de los círculos, me parece
acertada. Falta, sin embargo, terminar de repasar el
dibujo y abrir el horizonte con el fin de alcanzar la
precisión necesaria para poder realizar algún cálculo
de la época en que se construyó el grupo, que, en una
primera impresión, no parece que pueda estar muy alejada
de la que se vienen realizando todos los cálculos —540 a.C.—.
Del aspecto astronómico del grupo se puede hablar con
total asepsia 'científico empírica', amparándose en
principios astronómicos, hasta demostrar, como se viene
haciendo desde hace bastantes años a lo largo y ancho
del Pirineo, que todos los crónlechs pirenaicos representan
estrellas. También en La Corona, a pesar del
alto número de círculos que la componen, parece irrevocable
la igualdad: crónlech = estrella, aunque en algún caso
se pueda discutir lo acertado alguna equiparación realizada,
e incluso, la presencia, ausencia, o acertado emplazamiento
de algún círculo.
Ahora bien, en plano diferente que en modo alguno debe
empañar los resultados de la estricta investigación
astronómica, dejando de lado el aspecto científico de
ésta que ha permitido calar en el significado del crónlech
pirenaico, cabe comenzar a hacerse preguntas sobre otros
aspectos en los que es dado errar, con independencia
del acierto de la propuesta astronómica inicial. En
este sentido, todavía desordenadamente se vienen haciendo
a lo largo del trabajo propuestas e insinuaciones, surgidas
en el transcurso del mismo, en disciplinas diferentes
a la mera astronomía, que se irán deslindando en y con
el tiempo. Entre tanto, diría, para terminar por hoy
y venir a cuento en La Corona, tampoco lo sé
a ciencia cierta ni falta que hace —el no acogerse al estilo académico al uso permite este tipo de licencias
que rozando el cuento, de la mano de una intuición coherente,
'creo' que suponen un acercamiento a realidades no escritas—, que una de las claves del pasado pirenaico pudiera estar, como en
Grecia, en el cambio del año de tres a cuatro estaciones.
Sin embargo, la exposición de este supuesto se pospone.
Hasta en tanto no sea aceptada la tesis propuesta y
exista un cierto interés por estas cuestiones, no parece
sensato echar palos a la rueda del propio carro, ni
exponerse a desplantes cuando se trata de disfrutar
de divertimentos sosegados tardíos.
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