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MARCO
GEOGRAFICO
El
crónlech pirenaico se encuentra situado a lo largo de
la cadena pirenaica, desde el mar Cantábrico, hasta
por lo menos el Valle de Arán y nacederos del río Garona,
en un espacio cuyo eje mayor, el E-O, tiene unos doscientos
kilómetros de longitud. Los círculos están emplazados
en la divisoria de aguas atlántico-mediterráneas, a
uno y otro lado de la línea de cresta, y en las estribaciones
de la cordillera hasta el golfo de Vizcaya.
El límite oeste está suficientemente definido por el
río Leizarán y su prolongación hasta la sierra de Aralar.
Al este pirenaico, el límite del crp visto como un todo
y un encla-ve geográfico dentro de la cordillera está
todavía sin definir; en principio, tal vez, sin afir-marlo
categóricamente, dado el conocimiento de la existencia
de al menos un crónlech, en el Plat de Beret -valle
de Arán-, último valle en recoger aguas que vierten
al océano Atlántico vía el río Garona, este valle podría
considerarse un límite provisional.
  En
otro orden, al margen de este emplazamiento que pudiéramos
considerar  local,
la
singularidad de la astronomía y religión reflejadas
en el crónlech y, sobre  todo,
ciertas equivalencias toponímicas han empujado la investigación
hacia unos  hipotéticos
orígenes asiánicos de tan singulares monumentos. En
estos    momentos,
la hipótesis de trabajo, es la de que en el primer milenio
antes de   Cristo
se nominó el mundo entonces conocido, desde Siberia,
Corea y Japón, en  definitiva
Oriente, y, en gran trazo, hasta la Iberia del oeste.
La Iberia del este   estaba
situada entre el mar Negro y el mar Caspio, al este
de la Cólquida, en el  borde
oriental del mar Negro y al sur de los montes Cáucaso,
cuya montaña más  alta,
de 5.642 metros de altitud, es el monte Elbrus -¿Ebro?-
, y la Albania del  este
que bordeaba el Caspio. Cólquida e Iberia ocupaban entre
ambas el espacio  aproximado
de la actual Georgia. Cólquida duró hasta el 100 a.C.
y en ella se  encontraba
el Vellocino de Oro -¿Aries o el sol en Aries o...?-
buscado por los  argonautas.
El caso es que las dos Iberias coincidían en los mismos
paralelos y,  concretamente,
entre el 42 y 43, se alinean con la Cólquida e Iberia
asiática, los  montes
del resplandeciente Anu, los Pirineos, y el Camino de
Santiago que por  entonces
terminaba, como en otras zonas megalíticas, en el cabo
de Finisterre  camino
de las estrellas y ¿del Vellocino de Oro a poniente?
  Al
sur de la Cólquida y de Iberia, se encontraba Uruatri,
después Urartu, y  hoy
Armenia. La capital de Urartu fue Arzashku. La zona
fue de paso para las  migraciones
indoeuropeas hacia Asia y viceversa, y sus gentes hablaban
hasta  cinco
dialectos. La Enciclopedia Británica apunta que los
'urartianos' tenían puntos  en
común con los hurritas y que sus nombres geográficos
y personales estaban  ampliamente
atestiguados en el valle del Éufrates. En Urartu, al
NO del lago Van y  NE
del lago Urmia, se encontraba el monte Ararat, al que
por el norte bordeaba el  río
Araxes más o menos como su homónimo bordea al norte
la sierra de Aralar  -límite
SO del crp- , y más al sur Mesopotamia cuyas gentes
tenían conocimientos  de
astronomía y geodesia.
  Aquellos
geodestas, portadores de una religión astral que concluyó
con   Roma
y la cristianización, fueron imaginando de un lado a
otro de la tierra,   semejanzas
con la estructura del firmamento: Iberia-Cólquida entre
dos mares,  Caspio-Negro;
Iberia occidental entre otros dos, Mediterráneo-Atlántico,
teorizando  sobre
la base de un planteamiento técnico y global, buscando
analogías, no sólo  tierra/cielo
como apunta el crp, sino similitudes terrestres. Diríase
que el crp es el  eslabón
perdido que, una vez descodificado astronómicamente,
permite entender  la
religión astral por entonces vigente y el paso de ésta
al cristianismo, y deducir  analogías
geográficas del ayer que, sin estar en documentos verificados,
parecen  tener
cierta coherencia.
El
estudio del crónlech pirenaico necesita una clasificación
geográfica sistemática que lo contemple en su totalidad.
En Del crónlech pirenaico (descodificación astronómica
de una religión olvidada), Juan José Ochoa de Zabalegui,
Editorial Txertoa, 1998, se ini-ció, partiendo del Oeste
y de los ríos situados dentro de la zona del crp, una
clasificación decimal geográfica que podría ser útil
en este empeño ampliándola hacia el Este.
El
número de monumentos existentes en el enclave crónlico
pirenaico está sin de-terminar y censar como un todo,
pero podría sobrepasar los mil círculos. Mil círculos
para mil estrellas.
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