|
ASTRONOMIA
PRESENTE EN EL CRP
Para
representar estrellas con círculos de piedras hace falta
una técnica y unos cono-cimientos previos.
El
crónlech pirenaico demuestra la astronomía de la época
de su construcción. Se-gún indican numerosos estudios
y las posiciones de las estrellas en él representadas,
fue construido alrededor del 600 a.C. No parece verosímil
que la astronomía que refleja el crp naciera en el propio
Pirineo; no hay constancia de ello y los días de mala
visibilidad en la zona, además de la imposibilidad de
acceso durante el invierno, son numerosos; en conse-cuencia,
es preciso considerar la astronomía coetánea de otros
lugares como Mesopotamia, Grecia y Egipto que parecen
estar en su origen. El crp refleja una astronomía empírica,
no matemática pero precisa, manifiesta el tipo de conocimientos
que regían en la Ilíada y la Odisea de Homero, en Trabajos
y días de Hesíodo, en las tablas Mul Apin y en la astrono-mía
poética de divulgación: en la obra de Arato, Higino,
Gémino, Manilio o Germánico. Se trata de los albores
de la astronomía antes de que las matemáticas la convirtiesen
en ciencia.
El
concepto astronómico más reflejado en el crp está relacionado
con las efemérides simultáneas, ya sea de salidas, puestas,
de salidas y puestas, de paso de una estrella por una
determinada montaña en tanto que otro astro cruza cierta
orientación de la rosa de los vien-tos, etc. Los sincronismos
son variados y, en ocasiones, complejos. La palabra
griega pa-ranatéllonta cuadra a la perfección para comprender
parte de los antecedentes históricos de esta astronomía
empírica.
Este
concepto en cuanto a simultaneidad se refiere, lo vemos
reflejado por primera vez en las tablas Mul-Apin, tablilla
nº 86378 del B.M., columna III, líneas 13 a 33, que
da una lista de 16 salidas y puestas simultáneas, entre
las que destacamos como más pirenaica la expuesta en
las líneas 17 y 18: Kaksisa, la Flecha, -aproximadamente
el Can Mayor-, Mush, la Serpiente -Hydra- y Urgula,
el León -Leo- se levantan al tiempo que, si-multáneamente,
el Grande -más o menos el actual Acuario- y el Águila
se ponen; éste es el paranetéllonta pirenaico por excelencia,
por repetido y conceptualmente fundamental. Luce desde
el inicio -año 2000- en la cabecera de esta página y
se manifestó por prime-ra vez en el estudio de los crónlechs
de Pagolleta, dando un vuelco en el estudio sistemáti-co
que se venía haciendo del crp en las cuencas de los
ríos Urumea y Oyarzun, como que-dó reflejado en Del
crónlech pirenaico (Descodificación astronómica de una
religión olvi-dada).
Parecido
interés histórico para el crp tienen los calendarios
estelares, a los que los griegos llamaban parapegma,
secuencia de salidas sucesivas de diferentes estrellas.
Un antecedente de éstos también se reflejó por primera
vez en las tablas Mul-Apin, donde en la columna II,
líneas 36 a 47, y la columna III, líneas 1 a 12, se
da cuenta de los ortos helíacos de una serie de estrellas
y constelaciones a lo largo del año, a los que sigue
en la columna III, líneas 34 a 50, la lista, junto a
otras dos efemérides astronómicas, de 15 dife-rencias
de tiempo entre las salidas de determinadas constelaciones
y estrellas conspicuas, así:
En
la línea 34: desde la salida de Kaksisa, la Flecha -simplificando
el Can Mayor - a la salida de la estrella de Eridu,
Nun.Ki -según algunos autores, a Carinae, Cano-pus;
pero ...-, transcurren 55 días.
En
la línea 36: desde la salida de Kaksisa a la de Shupa
-Arturo- transcurren 60 días.
En
la línea 37: desde la salida de Shupa a la del Surco
Absin -nuestra Virgo-, transcurren 10 días, etc. Todos
datos que confieren soporte histórico y comprensión
a gru-pos importantes y bien conservados como el central
de Occabé presentado en la entrega 3ª. En realidad,
uno de los significados más claros en el crp es el de
señalar las épocas del año.
La
estrella más tenida en cuenta fue Sirio, que aparece
en numerosos lugares y con diferentes nombres y epítetos
de significado astronómico o religioso. Sirio fue representa-do
al orto, a su culminación y a su ocaso.
Durante
la vigencia del crónlech, y de sus significados astronómico
y religioso, el año se dividía en tres estaciones, como
en Egipto y en Creta. El paso de tres a cuatro esta-ciones
fue traumático en todas partes, supuso el paso del matriarcado
al patriarcado, por pérdida de rango de la diosa madre
original y de todos los privilegios de las clases que
la defendían. En Grecia, según Robert Graves y otros
autores, el abandono del año de tres estaciones "ideológicamente"
se culminó con la violación de Zeus a la diosa de la
tierra, Rea, patraña que propició que los adoradores
de Zeus, y sus sacerdotes, se hicieran cargo de todas
las ceremonias agrícolas y fúnebres.
  En
el Pirineo, el paso de dividir el año de 3 a 4 estaciones,
no está claro  de
momento. Puede que en su día quedara en suspenso y no
se resolviera   formalmente
hasta la cristianización.
  Los
indicios que llevan a considerar esta línea de investigación
son    numerosos;
uno de ellos, los agotes -cagots- a los que se prohibió,
entre otras  cosas,
subir a la montaña y se les obligó a llevar cosida a
su túnica una pata de  oca
pintada de rojo, como humillación y castigo duró siglos.
Entre las muchas  explicaciones
que se dan a esta larga condena, figura la creencia
de que los   agotes
poseían conocimientos secretos, y hay quien dice que
astronómicos, lo  que
plantea el interrogante de si fue este pueblo -dicho
en el sentido de sacerdotes  que
se dio a los caldeos- el que hizo posible el crp.
  La
pata de oca pudiera ser un signo de la división del
año en 3 estaciones  -hay
motivos para pensarlo que se omiten porque superan la
extensión de estas  notas-,
lo mismo que el crismón de 6 divisiones, y multitud
de símbolos presentes  en
el arte románico que acompaña al Camino de Santiago,
sobre todo en las   ermitas
que bordean el límite del crp dando inicio al Camino.
Comentaremos más  adelante
San Miguel de Aralar.
  Nos
aventuramos a pensar que parte del simbolismo reflejado
en el románico  del
Camino, la pata de oca, el crismón de 6 brazos, los
Cristos en Y, las tau, etc.,  sintetiza
la creencia religiosa de que el año se dividía en 3
estaciones por   imperativo
divino escrito en los cielos; concepto ligado con el
orto de Sirio y con la  diosa
madre primigenia, que pudiera ser el último estandarte
residual del   paganismo
astral pirenaico. Esta y otras creencias debieron de
estar tan   enraizadas
en buena parte de la población que propiciaron los sincretismos
que  facilitaron
la cristianización general y definitiva.
arriba
|