ENTREGA 3 - Okabe

 
 

 

 

INTERPRETACIÓN ASTRÓNOMICA
DEL SUBGRUPO PUERTAS CELESTES DE LAS ALMAS


El alineamiento que va de los crónlechs 1 y 2 —los de más al sur— al subgrupo del NO. presidido por el crónlech 13 —Antares— , diríase que muestra con tanta precisión como sobriedad el girar de los dos extremos de la Vía Láctea, concretada esta vez en la persecución celeste del Escorpión a Orión, efeméride ya detectada en el alineamiento de dos grupos de Artikutza, en la cuenca del Urumea, los  0100-03-16 y 17, Ibi Untxi y Gera Suge —páginas 399 a 411 de Del crónlech pirenaico, Ed. Txertoa—, respectivamente. La disposición de los círculos del subgrupo NO. recuerda a la representación del Escorpión en Gera Suge y su alineamiento con los crónlechs 1 y 2, evoca gráficamente la relación ya encontrada entre los grupos citados de Ibi Untxi y Gera Suge. La secuencia estelar que se dejó en el ‘grupo Hesíodo’ tenía al Can Mayor al sur en su cenit y al ‘Cinturón de Orión menguante’, como en 0100-01-18 Lepoko estua —‘Tahalí menguante’—, y continúa en los dos crónlechs del sur —1 y 2— al ocaso de las estrellas que representan, fiel reflejo de las de Ibi Untxi en sincronía con la desaparición de la ‘puerta norte’, la de los hombres, hacia Auza-Peñas de Aia, como parece decirse en el próximo a éstas Agiña I, anunciando la aparición de Antares, a del Escorpión, a la izquierda de Orhi, que continúa su carrera hasta dar cima a esta gran pirámide. En resumen, se cree que el grupo llamado de ‘las puertas celestes de las almas’, está representado por el alineamiento que va de los crónlechs  1 y 2 al 13 y los que le rodean, y se trata de una secuencia estelar no visible simultáneamente que se inicia del comienzo de la puesta de Orión y la Liebre, y continúa con el paso de Antares por el Orhi.

 

En este orden de ideas, teniendo en cuenta una vez más a Franz Cumont en Astrology and Religion among the Greeks and Romans, donde se puede leer en la página 184: « Entre los egipcios antiguos el firmamento fue concebido tan próximo a las montañas de la tierra que era posible subir a él por una escalera. Aunque las estrellas habían sido relegadas a una distancia infinita en el espacio, la escalera todavía sobrevivió en el paganismo romano como amuleto y como símbolo. Mucha gente continuó colocando en las tumbas una pequeña escalera de bronce recogiendo ingenuas creencias de épocas distantes; y en los miserios de Mitra una escalera de siete peldaños, construida de siete metales diferentes, todavía simbolizaba el paso de las almas a través de las esferas planetarias.» En las excavaciones de crónlechs, que el autor sepa, no han aparecido escaleras propiamente dichas, sin embargo, la toponimia de algunos montes algo evocan en esa línea, tal el Pic des Escaliers, situado al norte de los círculos de Millagate —¿Maila-kate = peldaño de escalera?—; si bien, tales especulaciones, como tantas otras que se pueden realizar con mayor fundamento, es prudente acallar, hasta en tanto no se acepte la teoría general, es decir, crónlech = estrella.

En las tablas 3 y 4 se muestran las coordenadas de las estrellas relacionadas con la interpretación que han servido, tras diversos tanteos, para aventurar una solución astronómica coherente y ya vista en otros emplazamientos, a este segundo subgrupo de Okabe, la tabla 3 corresponde al comienzo del ocaso de Orión, aunque en realidad pudo tenerse en cuenta un momento antes como en Ibi Untxi y la 4 al paso de Antares por la pirámide de Orhi. Las dos tablas, con las montañas que circundan los crónlechs y con los testigos que todavía se insinúan en estos, ayudan a comprender la solución siguiente:

« Círculo 13: Antares a del Escorpión, de magnitud 0,96.
« Círculo 14: t del Escorpión, de magnitud 2,82.
« Círculo 15: z de Ofiuco, de magnitud 2,56.
« Círculo 16: Sabik, h de Ofiuco, de magnitud 2,43.
« Círculo 17: q de Ofiuco, de magnitud 2,43.
« Círculo 18: Planeta.
« Círculo 1: Arneb, a de la Liebre, de magnitud 2,6.
« Círculo 2: Rigel, b de Orión, de magnitud 0,1.
« Círculo 21: Alkaid, h de la Osa Mayor, de magnitud 2,4.
« Círculo 22: Alderamin, a de Cefeo, de magnitud 2,3.
« Círculo 23: Menkar, a de la Ballena, de magnitud 2,5.
« Círculo 24: Aldebarán, a de Tauro, de magnitud 0,85.
« Círculo 25: El Nath, b de Tauro, de magnitud 1,65.
« Círculo 26: Alhena, g de los Gemelos, de magnitud 1,93.

Tabla 3    
Estrella Acimut Altura
b de Orión 248° 58’  1° 26’
a de la Liebre 238° 29’  -0° 03’
k de Orión 243° 14’ 7° 30’
Pléyades 288° 04’ 0° 42’
a de Tauro  275° 05’  6° 17’
b de Tauro 280° 20’ 22° 15’
g de los Gemelos 259° 56’ 31° 48’
a de la Ballena  277° 38’ -19° 42’
e de Pegaso 12° 03’  -45° 44’
a del Can Mayor  228° 57’  14° 27’
a del Can Menor 238° 29’  38° 44’
a de la Lira   33° 19’ 1° 22’
a de Libra 109° 119’ 14° 34’
a del Escorpión 104° 28’  -10° 05’
a del Boyero 81° 30’  41° 45’
a de la Virgen 121° 35’  32° 48’
a de la Corona Bor. 63° 59’  28° 12’



En el alineamiento propuesto, en definitiva, Orión-Escorpión, se ha supuesto que el pivote de giro de los extremos de la Vía Láctea, cuyo centro sería como en Izurrizti I Cefeo y su a, Alderamin —círculo 22—, tras tanteos y dudas que perduran, se hallaría situado en la Osa Mayor representada en este caso por una sola estrella, por tanto, el círculo 21 se ha asimilado a h UMa por estar más cerca de Antares, círculo 13, que su a y de camino en el alineamiento que va hacia Orión, concretado por Rigel en el circulo 2, después de cruzar los círculos 24, 25 y 26 que se han equiparado con

Alhena, El Nath y Aldebarán como corresponde tanto al alineamiento en cuestión  como a una de las constantes del crp: dejar constancia terrestre, iniciando tradiciones que siguió más tarde el hermetismo —en la tierra como en el cielo—, de cuanto mostraba el firmamento, más, estando referido el alineamiento a otra de las constantes más evidentes del crónlech pirenaico, es decir, las puerta de entrada y salida de la eclíptica, de acceso a los círculos superiores, en su cruce de la Vía Láctea en su parte norte, la de los hombres por la que bajaban las almas, a la altura de Tauro y los Gemelos —círculos 24 al 26— , y, al sur, la puerta de los dioses, por donde subían las almas de los muertos hacia la morada de los dioses, ahora representada junto a Antares, apuntando, diríase hacia la Serpiente a través de Ofiuco, mostrando clara similitud con la ya estudiado en Gera Suge —‘Advenimiento de la Serpiente’, en lengua vasca—. Transponiendo a Okabe lo visto en Gera Suge y grupos colindantes, el círculo 18 representaría al planeta ‘porteador de las almas’ al que éstas se subían a su paso por el piramidal pico de Orhi, tal y como parece indicar la puerta que en su dirección posee el crónlech 13, aplicando igual concepto que el que se puede observar desde el dolmen del sur de Agiña I cuya cista y testigos principales apuntan a un Orhi que a través de los árboles destaca blanco, en invierno, al borde derecho del Auza dejando escrita una de las páginas más repetidas y precisas de la otra historia —la religiosa— del crónlech pirenaico. Verla de nuevo en Okabe aconseja, por ahora, preferir esta solución a otras de parecida coherencia astronómica.


Tabla 4    
Estrella Acimut Altura
a del Escorpión 125° 14’ 9° 47’
t del Escorpión 125° 42’  7° 32’
q de Ofiuco  117° 01’ 1° 05’
h  de Ofiuco 110° 46’  8° 29’
z  de Ofiuco  111° 08’  18° 04’
G del Escorpión  124° 14’ -10° 14’
a de la Lira  51° 35’ 16° 14’
a de la Osa Mayor  340° 14’  54° 36’
h  de la Osa Mayor 28° 44’  64° 51’
a de Auriga  315° 16’  9° 29’
b de Tauro 299° 31’ 1° 40’
g de los Gemelos 280° 41’  9° 56’
b de Tauro  299° 31’ 1° 40’
a del Can Menor 263° 12’  18° 03’
g de la Cruz del Sur 176° 57’ 3° 40’
a del Cisne  33° 22’ 0° 32’



No se trata sin embargo de encontrar soluciones ingeniosas sino de ir destejiendo el entramado estelar que atendiendo a constantes  específicas inspiró el crónlech dentro de un territorio geográfico concreto que respondía, debido a sus características, a unas ciertas y mínimas condiciones conocidas por quienes encontraron la tierra prometida que buscaban para imaginar y subrayar semejanzas cielo-tierra.

El carácter tumular de buena parte de los círculos de Occabé, pudo

deberse al hecho de que con sus círculos se pretendió representar historias diferentes: en el grupo central, la ya contada de Hesíodo y a su vera la puerta de los dioses, fueron representadas con crónlechs, en tanto que, los círculos representando a la puerta de los hombres o a estrellas concernidas en la secuencia lo fueron con crónlechs tumulares, tal vez mejor túmulos crónlicos, en expresión repetida en otros lugares para diferenciar efemérides estelares.

Las coordenadas celestes de las estrellas que pudieran estar implicadas en la historia al paso de Antares por el Orhi, en posición inversa de la Vía Láctea a la mostrada en la primera tabla, vienen reflejadas en la Tabla 4, en fiel repetición, como se ha dicho, de lo encontrado en otros grupos de crónlechs.

La Tabla 4 ha sido sugerida para resaltar una solución inspirada en las efemérides que preceden que, aun siendo importantes en el crónlech pirenaico, en buena parte se debe más que a un intento de indicar efemérides astronómicas, aunque de hecho se mostrasen, a marcar de forma precisa las puertas de la eclíptica en su cruce de la Vía Láctea, y con frecuencia, como es el caso,  añadiendo un crónlech tumular —círculo 18— que debe de identificarse con un planeta surcando la eclíptica en ese punto. ¿Se aprovechaban las almas al ser tragados los planetas por el Orhi para trasladarse de éste a aquéllos y ascender a las estrellas, que como es sabido giraban en sentido contrario a los planetas, camino de la morada de los dioses? Franz Cumont, además de lo ya apuntado, nos dice en Astrología y Religión en Grecia y Roma: «…hay una creencia muy extendida de origen sirio de que las almas volaban a los cielos a lomos de un Águila. De acuerdo con esta historia, Etana en Babilonia como Ganimedes en Grecia fueron llevados de esta manera. […] La razón es que en el Este el Águila es el ave de los Baales, dioses solares, y ella llevaba a su amo a aquellos que habían sido sus servidores abajo en la tierra.»

Las coordenadas de las tablas 3 y 4 , dan sentido a la práctica totalidad de los testigos singulares del grupo que siguen la secuencia estelar de las estrellas implicadas en las diversas efemérides mentadas a su paso por las montañas singulares de la zona. Las posiciones más a tener en cuenta son las más próximas a tierra es decir las de aquellas estrellas que se encuentran a menor altura, formando en realidad una auténtica tabla pirenaica de ortos y ocasos simultáneos que no dejan de ser los mismos que podemos leer en Arato, Higino, Gémino o cualquier autor clásico, incluidas buen número de tablillas babilónicas. Con el concurso de todas las coordenadas relacionadas entre sí se obtiene una más que aceptable equiparación de los círculos de piedras con sus respectivas estrellas, sobre todo cuando se comienzan a percibir las similitudes existentes entre grupos diferentes.

De otra parte, referente al girar de la Osa Mayor, tan tenido en cuenta en todo el Pirineo, los topónimos que persisten desde el collado de Organbide en el enclave de Urkulu hasta la cresta de Organbidesca que enmarca la culminación inferior de la Gran Osa vista desde Millagate al cerrar Sirio la secuencia reflejada en sus crónlechs y los dos Orgamendi que se encuentran justo al norte de Okabe, en cuya dirección, en los montes que les preceden, se observan la culminación inferior de la Osa Mayor al orto de Sirio y la superior al nacer Antares, dejan constancia  del seguimiento de aquellos sincronismos celestes hoy olvidados pero que fueron la esencia del crónlech pirenaico.

Extendiéndonos sobre el crónlech 21 y el pequeño conjunto de círculos tumulares que le acompañan, números: 22, 23, 24, 25 y 26. Se supuso en primera aproximación que el contrapunto del crónlech 13 visto como Antares podría ser, al otro lado de la Vía Láctea, Orión al comienzo de su puesta, que sobre el terreno se plasma en el círculo 2 —Rigel—. Entre Rigel y Antares en primer lugar, más menos a mitad de camino, luce la Osa Mayor prácticamente horizontal de la a a la h. Se pensó que el círculo 21, dada su menor distancia al 13 —Antares— casaba mejor con la h de la Gran Osa, Alkaid; con posterioridad provisional desechada se prefirió a la alfa de la Corona Boreal o de Ariadna, de mejor encaje geométrico. De otro lado, los, hoy, tres deslavazados crónlechs tumulares números 24, 25 y 26 tienen encaje, dentro de la filosofía pirenaica de representar la puerta de la eclíptica que cruza la Vía Láctea entre Tauro y los Gemelos, como Alhena, El Nath y Aldebarán. En cuyo caso el círculo 23, alineado en el suelo con Alhena y Aldebarán encontraría cobijo en la Ballena en probable contrapunto intencionado, al otro lado de la eclíptica de Aries como ya se vio en otros lugares, tal Burnin Buru, y con mucha posterioridad en La Corona. Por fin, el círculo 22, situado en el centro del conjunto como reflejo del 21 —Alkaid—, en los cielos es imaginable representando al centro de la Vía Láctea en una de las estrellas de Cefeo en simbolismo repetido que dejaron presente en Izurrizti I y en Arritxulangaña. 

Al orto de Sirio, se terminaba de formar el Triángulo de Invierno al tiempo que se rompía el Triángulo de Verano con la marcha de Altair, a cuyo este preciso le daba réplica Proción, al tiempo que Régulo se aprestaba a presidir un Leo naciente; Orión coronaba la pirámide del Orhi y, simultáneamente, Alkaid cumplía el ciclo anual de la Osa Mayor en culminación inferior al borde de las montañas de los Orgamendi. ¿Cómo no iba a hacerse ilusiones quién pensaba que los dioses escribían signos para el hombre en los cielos? Los signos que algunos vieron y plasmaron en el crónlech parecen irrefutables, otra cosa es que se puedan cometer algunas incorrecciones al interpretarlos. No obstante, da la impresión de que aquella filosofía ha llegado camuflada de formas diversas hasta nuestros días —como se tratará de demostrar en otra ocasión— a pesar de algunas concesiones que se hicieron en distintos sincretismos y del silencio total, que se ha venido aplicando al crp durante casi tres milenios, primero por interés y después por desconocimiento. Eso es discreción y así se ha escrito la historia.

En el dibujo 3, se han dibujado unas líneas que cuentan gráficamente la secuencia estelar de las puertas celestes de las almas y subrayan los asterismos que las forman; de la misma manera que lo hace la carta celeste número 2.


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