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En las tablas 3 y 4 se muestran las
coordenadas de las estrellas relacionadas con la interpretación
que han servido, tras diversos tanteos, para aventurar
una solución astronómica coherente y ya vista en otros
emplazamientos, a este segundo subgrupo de Okabe, la
tabla 3 corresponde al comienzo del ocaso de Orión,
aunque en realidad pudo tenerse en cuenta un momento
antes como en Ibi Untxi y la 4 al paso de Antares por
la pirámide de Orhi. Las dos tablas, con las montañas
que circundan los crónlechs y con los testigos que todavía
se insinúan en estos, ayudan a comprender la solución
siguiente:
« Círculo 13: Antares a del Escorpión,
de magnitud 0,96.
« Círculo 14: t del Escorpión,
de magnitud 2,82.
« Círculo 15: z de Ofiuco,
de magnitud 2,56.
« Círculo 16: Sabik, h de Ofiuco, de magnitud 2,43.
« Círculo 17: q de Ofiuco,
de magnitud 2,43.
« Círculo 18: Planeta.
« Círculo 1: Arneb, a de la Liebre,
de magnitud 2,6.
« Círculo 2: Rigel, b de Orión,
de magnitud 0,1.
« Círculo 21: Alkaid, h de la Osa Mayor, de magnitud 2,4.
« Círculo 22: Alderamin, a de Cefeo, de magnitud 2,3.
« Círculo 23: Menkar, a de la Ballena, de magnitud 2,5.
« Círculo 24: Aldebarán, a de Tauro, de magnitud 0,85.
« Círculo 25: El Nath, b de Tauro, de magnitud 1,65.
« Círculo 26: Alhena, g de los Gemelos, de magnitud 1,93.
| Tabla 3 |
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| Estrella |
Acimut |
Altura |
| b
de Orión |
248° 58’ |
1° 26’ |
| a
de la Liebre |
238° 29’ |
-0° 03’ |
| k
de Orión |
243° 14’ |
7° 30’ |
| Pléyades |
288° 04’ |
0° 42’ |
| a
de Tauro |
275° 05’ |
6° 17’ |
| b
de Tauro |
280° 20’ |
22° 15’ |
| g
de los Gemelos |
259° 56’ |
31° 48’ |
| a
de la Ballena |
277° 38’ |
-19° 42’ |
| e
de Pegaso |
12° 03’ |
-45° 44’ |
| a
del Can Mayor |
228° 57’ |
14° 27’ |
| a
del Can Menor |
238° 29’ |
38° 44’ |
| a
de la Lira |
33° 19’ |
1° 22’ |
| a
de Libra |
109° 119’ |
14° 34’ |
| a
del Escorpión |
104° 28’ |
-10° 05’ |
| a
del Boyero |
81° 30’ |
41° 45’ |
| a
de la Virgen |
121° 35’ |
32° 48’ |
| a
de la Corona Bor. |
63° 59’ |
28° 12’ |
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En el alineamiento propuesto, en definitiva, Orión-Escorpión,
se ha supuesto que el pivote de giro de los extremos
de la Vía Láctea, cuyo centro sería como en Izurrizti
I Cefeo y su a, Alderamin
—círculo 22—, tras tanteos y dudas que perduran,
se hallaría situado en la Osa Mayor representada
en este caso por una sola estrella, por tanto,
el círculo 21 se ha asimilado a h
UMa por estar más cerca de Antares, círculo 13, que su a y de camino
en el alineamiento que va hacia Orión, concretado
por Rigel en el circulo 2, después de cruzar los
círculos 24, 25 y 26 que se han equiparado con
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Alhena, El Nath y Aldebarán como corresponde tanto
al alineamiento en cuestión como a una de las constantes del crp:
dejar constancia terrestre, iniciando tradiciones
que siguió más tarde el hermetismo —en
la tierra como en el cielo—, de cuanto mostraba
el firmamento, más, estando referido el alineamiento
a otra de las constantes más evidentes del crónlech
pirenaico, es decir, las puerta de entrada y salida
de la eclíptica, de acceso a los círculos superiores,
en su cruce de la Vía Láctea en su parte norte,
la de los hombres por la que bajaban las almas,
a la altura de Tauro y los Gemelos —círculos 24
al 26— , y, al sur, la puerta de los dioses, por
donde subían las almas de los muertos hacia la
morada de los dioses, ahora representada junto
a Antares, apuntando, diríase hacia la Serpiente
a través de Ofiuco, mostrando clara similitud
con la ya estudiado en Gera Suge —‘Advenimiento
de la Serpiente’, en lengua vasca—. Transponiendo
a Okabe lo visto en Gera Suge y grupos colindantes,
el círculo 18 representaría al planeta ‘porteador
de las almas’ al que éstas se subían a su paso
por el piramidal pico de Orhi, tal y como parece
indicar la puerta que en su dirección posee el
crónlech 13, aplicando igual concepto que el que
se puede observar desde el dolmen del sur de Agiña
I cuya cista y testigos principales apuntan a
un Orhi que a través de los árboles destaca blanco,
en invierno, al borde derecho del Auza dejando
escrita una de las páginas más repetidas y precisas
de la otra historia —la religiosa— del crónlech
pirenaico. Verla de nuevo en Okabe aconseja, por
ahora, preferir esta solución a otras de parecida
coherencia astronómica.
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| Tabla 4 |
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| Estrella |
Acimut |
Altura |
| a
del
Escorpión |
125°
14’ |
9°
47’ |
| t del Escorpión |
125°
42’ |
7° 32’ |
| q de Ofiuco |
117°
01’ |
1°
05’ |
| h de Ofiuco |
110° 46’ |
8° 29’ |
| z de Ofiuco |
111° 08’ |
18° 04’ |
| G del Escorpión |
124° 14’ |
-10° 14’ |
| a de la
Lira |
51° 35’ |
16° 14’ |
| a de la
Osa Mayor |
340° 14’ |
54° 36’ |
| h de la Osa Mayor |
28° 44’ |
64° 51’ |
| a de Auriga |
315° 16’ |
9° 29’ |
| b de Tauro |
299° 31’ |
1° 40’ |
| g de los
Gemelos |
280° 41’ |
9° 56’ |
| b de Tauro |
299° 31’ |
1° 40’ |
| a del Can
Menor |
263° 12’ |
18°
03’ |
| g de la
Cruz del Sur |
176° 57’ |
3° 40’ |
| a del Cisne |
33° 22’ |
0°
32’ |
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No se trata sin embargo de encontrar soluciones
ingeniosas sino de ir destejiendo el entramado
estelar que atendiendo a constantes
específicas inspiró el crónlech dentro
de un territorio geográfico concreto que respondía,
debido a sus características, a unas ciertas y
mínimas condiciones conocidas por quienes encontraron
la tierra prometida que buscaban para imaginar
y subrayar semejanzas cielo-tierra.
El carácter tumular de buena parte de los círculos
de Occabé, pudo
|
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deberse al hecho
de que con sus círculos se pretendió representar
historias diferentes: en el grupo central, la
ya contada de Hesíodo y a su vera la puerta de
los dioses, fueron representadas con crónlechs,
en tanto que, los círculos representando a la
puerta de los hombres o a estrellas concernidas
en la secuencia lo fueron con crónlechs tumulares,
tal vez mejor túmulos crónlicos, en expresión
repetida en otros lugares para diferenciar efemérides
estelares.
Las coordenadas celestes de las
estrellas que pudieran estar implicadas en la
historia al paso de Antares por el Orhi, en posición
inversa de la Vía Láctea a la mostrada en la primera
tabla, vienen reflejadas en la Tabla 4, en fiel
repetición, como se ha dicho, de lo encontrado
en otros grupos de crónlechs.
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La Tabla 4 ha sido sugerida para resaltar
una solución inspirada en las efemérides que preceden
que, aun siendo importantes en el crónlech pirenaico,
en buena parte se debe más que a un intento de indicar
efemérides astronómicas, aunque de hecho se mostrasen,
a marcar de forma precisa las puertas de la eclíptica
en su cruce de la Vía Láctea, y con frecuencia, como
es el caso, añadiendo
un crónlech tumular —círculo 18— que debe de identificarse
con un planeta surcando la eclíptica en ese punto. ¿Se
aprovechaban las almas al ser tragados los planetas
por el Orhi para trasladarse de éste a aquéllos y ascender
a las estrellas, que como es sabido giraban en sentido
contrario a los planetas, camino de la morada de los
dioses? Franz Cumont, además de lo ya apuntado, nos
dice en Astrología
y Religión en Grecia y Roma: «…hay una creencia
muy extendida de origen sirio de que las almas volaban
a los cielos a lomos de un Águila. De acuerdo con esta
historia, Etana en Babilonia como Ganimedes en Grecia
fueron llevados de esta manera. […] La razón es que
en el Este el Águila es el ave de los Baales, dioses
solares, y ella llevaba a su amo a aquellos que habían
sido sus servidores abajo en la tierra.»
Las coordenadas de las tablas 3 y 4
, dan sentido a la práctica totalidad de los testigos
singulares del grupo que siguen la secuencia estelar
de las estrellas implicadas en las diversas efemérides
mentadas a su paso por las montañas singulares de la
zona. Las posiciones más a tener en cuenta son las más
próximas a tierra es decir las de aquellas estrellas
que se encuentran a menor altura, formando en realidad
una auténtica tabla pirenaica de ortos y ocasos simultáneos
que no dejan de ser los mismos que podemos leer en Arato,
Higino, Gémino o cualquier autor clásico, incluidas
buen número de tablillas babilónicas. Con el concurso
de todas las coordenadas relacionadas entre sí se obtiene
una más que aceptable equiparación de los círculos de
piedras con sus respectivas estrellas, sobre todo cuando
se comienzan a percibir las similitudes existentes entre
grupos diferentes.
De otra parte, referente al girar de
la Osa Mayor, tan tenido en cuenta en todo el Pirineo,
los topónimos que persisten desde el collado de Organbide
en el enclave de Urkulu hasta la cresta de Organbidesca
que enmarca la culminación inferior de la Gran Osa vista
desde Millagate al cerrar Sirio la secuencia reflejada
en sus crónlechs y los dos Orgamendi que se encuentran
justo al norte de Okabe, en cuya dirección, en los montes
que les preceden, se observan la culminación inferior
de la Osa Mayor al orto de Sirio y la superior al nacer
Antares, dejan constancia del seguimiento de aquellos sincronismos celestes
hoy olvidados pero que fueron la esencia del crónlech
pirenaico.
Extendiéndonos sobre el crónlech 21
y el pequeño conjunto de círculos tumulares que le acompañan,
números: 22, 23, 24, 25 y 26. Se supuso en primera aproximación
que el contrapunto del crónlech 13 visto como Antares
podría ser, al otro lado de la Vía Láctea, Orión al
comienzo de su puesta, que sobre el terreno se plasma
en el círculo 2 —Rigel—. Entre Rigel y Antares en primer
lugar, más menos a mitad de camino, luce la Osa Mayor
prácticamente horizontal de la a a la h. Se pensó que el círculo
21, dada su menor distancia al 13 —Antares— casaba mejor
con la h de la Gran
Osa,
Alkaid; con posterioridad provisional desechada se prefirió a la
alfa de la Corona Boreal o de Ariadna, de mejor encaje
geométrico. De otro lado, los, hoy, tres deslavazados
crónlechs tumulares números 24, 25 y 26 tienen encaje,
dentro de la filosofía pirenaica de representar la puerta
de la eclíptica que cruza la Vía Láctea entre Tauro
y los Gemelos, como Alhena, El Nath y Aldebarán. En
cuyo caso el círculo 23, alineado en el suelo con Alhena
y Aldebarán encontraría cobijo en la Ballena en probable
contrapunto intencionado, al otro lado de la eclíptica
de Aries como ya se vio en otros lugares, tal Burnin
Buru, y con mucha posterioridad en La
Corona. Por fin, el círculo 22, situado en el centro
del conjunto como reflejo del 21 —Alkaid—, en los cielos
es imaginable representando al centro de la Vía Láctea
en una de las estrellas de Cefeo en simbolismo repetido
que dejaron presente en Izurrizti I y en Arritxulangaña.
Al orto de Sirio, se terminaba de formar
el Triángulo de Invierno al tiempo que se rompía el
Triángulo de Verano con la marcha de Altair, a cuyo
este preciso le daba réplica Proción, al tiempo que
Régulo se aprestaba a presidir un Leo naciente; Orión
coronaba la pirámide del Orhi y, simultáneamente, Alkaid
cumplía el ciclo anual de la Osa Mayor en culminación
inferior al borde de las montañas de los Orgamendi.
¿Cómo no iba a hacerse ilusiones quién pensaba que los
dioses escribían signos para el hombre en los cielos?
Los signos que algunos vieron y plasmaron en el crónlech
parecen irrefutables, otra cosa es que se puedan cometer
algunas incorrecciones al interpretarlos. No obstante,
da la impresión de que aquella filosofía ha llegado
camuflada de formas diversas hasta nuestros días —como
se tratará de demostrar en otra ocasión— a pesar de
algunas concesiones que se hicieron en distintos sincretismos
y del silencio total, que se ha venido aplicando al
crp durante casi tres milenios, primero por interés
y después por desconocimiento. Eso es discreción y así
se ha escrito la historia.
En el dibujo
3, se han dibujado unas líneas que cuentan gráficamente
la secuencia estelar de las puertas celestes de las
almas y subrayan los asterismos que las forman; de la
misma manera que lo hace la carta
celeste número 2.
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