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A
MODO DE EPÍLOGO
En
La Corona en primer lugar, y por encima de cualquier
otra consideración, se debe destacar su carácter astronómico.
Se trata al parecer de un calendario anual de meses
o lunas, que muestra un año dividido en tres estaciones
fragmentadas por las culminaciones de Fomalhaut, Sirio
y Arturo, círculos U, K y O de
los dibujos. El conocimiento de la división histórica
del año pirenaico ha sido una de las aspiraciones del
autor a lo largo de los últimos años, la sospecha de
un año dividido en tres estaciones, como se cuenta en
la nota de esta entrega surgió intuitivamente en Ezkeriturritako
Gaina, ignoro con qué grado de ortodoxia, y se ha
visto confirmada en La Corona, dejando tras de
sí un cúmulo de cuestiones inconclusas, sobre las que,
dada la ausencia de antecedentes históricos locales,
es preciso volver a lucubrar, siquiera como hipótesis
de trabajo, con la ayuda de fuentes foráneas. No parece
verosímil que los conocimientos necesarios para erigir
semejante grupo de crónlechs, surgiesen por generación
local espontánea, diríase más bien que tal sabiduría
pudo llegar de lugares en los que se contemplaba el
firmamento con más facilidad y continuidad que en el
Pirineo. En este sentido se viene apostando, como refleja
Cromlechpyrene, por la similitud de la astronomía
pirenaica con la mesopotámica, vistas ambas dentro de
un amplio entorno geográfico, en hipótesis de trabajo
que va formándose lentamente, fruto de observaciones
de distintos grupos de crónlechs sobre el terreno y
de análisis etimológicos varios. Igualmente, va tomando
cuerpo la idea, insinuada también por diversos autores
y avalada por experiencia, de que al filo del primer
milenio a. C. hubo geodestas que amén de descubrir la
tierra y sus límites se dedicaron a nominar el planeta
de Iberia y Coruña a Siberia y Corea, por decir algo
y poner un ejemplo, de un lado a otro de la tierra,
con el firmamento y su girar como modelo y cinta métrica.
En este contexto el megalitismo se hace comprensible,
hablan las piedras, y con frecuencia, se encuentra sentido
a los topónimos que le rodean. De forma similar piensa,
Andis Kaulins, en http://www.megaliths.co.uk,
quien dice: Megalithic Sites are Astronomy and Geodetics.
No se puede ser más escueto y claro definiendo el fenómeno
megalítico, del que el pirenaico no es una excepción
como se viene mostrando a lo largo de estos años. Sin
embargo, más allá de los límites de este trabajo, quedan
por resolver numerosas incógnitas, por ejemplo la relación
histórica y técnica entre los distintos megalitismos,
y, algo que se viene hablando en Cromlechpyrene,
la relación entre el actual Camino de Santiago y el
primigenio Camino de las estrellas.
La división del año en tres estaciones como en la Corona
induce a continuar la división que por 2, serían 6 y
por 3, 9, la primera nos llevaría a un año dividido
en 12 partes, y la segunda a uno de 18, mejor, 27,
como los nakshatra védicos. Podría decirse, al menos
provisionalmente e interpretados los crónlechs de La
Corona, que la división histórica pudo evolucionar
de 3-9-27, para con la llegada del zodíaco solar, evolucionar
hacia 3-6-12. División que, aquí al menos, en primera
instancia justifica el Ku-Or-Un.
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