|
CRÍTICA
Okabe
es mucho Okabe, convendría matizar pero me parece más
acertado dejarle madurar, dando entrada a otras opiniones.
Siguiendo la banda
NO.-SE. —mejor es viceversa, como comienzo a desandar—
en la que desde Jaizkibel II, Oianleku N., los Gatzarrieta,
los Agiña, Amargungo Zeharra, Pagolletako Gaña, emplazaron
a Sirio o a Antares o a ambos como en Oianleku N., sin
mencionar pero teniendo en cuenta, grupos que como Egiar
o Errenga, sin estar presentes físicamente dichos astros
fueron señalados por testigos singulares. He desbrozado,
en una primera aproximación coherente que sería enésima
si contase las equivocadas, al pie del Auza, el grupo
de crónlechs de Elorrieta que da cara a uno de los nacimientos
del Bidasoa y sigue camino hacia el oeste y Mendaur
primero y luego hacia Abedi Gurutz, es decir enlazando
en realidad por el camino de las estrellas Orhi y Ernio
mediante quiebro que sólo quiero mentar. Siguiendo la
banda, de Orhi a Auza y de Orhi al valle de Hecho, también
se podría hablar mucho pero es pronto, no sé. Sin embargo,
sé que no me equivoco afirmando que, al margen de otros
alineamientos de grupos de crónlechs existe una banda
de monumentos que van, dando vista al pico de Orhi en
la mayoría de los casos, desde éste hasta la mar hacia
el NO., y al valle de Hecho hacia el SE., equiparando
estrellas, principalmente, de los dos extremos de la
Vía Láctea y de las citadas puertas de las almas.
Puestos a imaginar un punto de arranque
para construir como un todo los crónlechs que desde
el Orhi se extienden hasta el mar, Okabe cobra un sentido
especial puesto que desde él se pueden engarzar
unos grupos con otros y el emplazamiento tiene la particularidad de
no tener rival a la hora de enmarcar como pirámide el
Pico de Orhi.
Los círculos 1 y 2, han pasado años
identificados con Proción y Gomeisa, los testigos de
los dos crónlechs parecían estar de acuerdo, luego con
Sirio y su Heraldo, Mirzam. Al final, he encontrado
que la posición de Gomeisa respecto a Proción y la de
Mirzam respecto a Sirio no eran correctas y que tenían
mala equiparación geométrica con los crónlechs tumulares
de abajo números 24, 25 y 26 y he preferido, por influencia
de los conceptos que nacieron en Ibi Untxi y Gera Suge
asociar uno y otro a Arneb y Rigel. Este cambio hace
impecable al orto la posición de ambos círculos. Da
la sensación de que ambos crónlechs tienen en la actualidad
rotos y desplazados sus testigos principales: en el
1, el testigo que parece más importante está caído y,
diría, que desplazado, orientado a unos 140°, cuando
hubiera sido más ilustrativo con las soluciones que
se van decantando verlo situado a 128° apuntando al
Orhi, además, en el centro de este círculo se halla
tumbada una piedra de gran tamaño y forma triangular
que parece provenir de la periferia misma y que bien
pudo ser referencia norte u oeste; de otra parte, el
círculo 2, presunto Rigel, no cuenta en la actualidad
con testigos señalando su orto u ocaso o su paso por
el Orhi, por contra, el eje E.-O. parece que estuvo
bien representado, ya que a 89° se ve caído un buen
testigo de aire antropomorfo, y a 280°, dando a Errozate,
existe la base cortada de 24 x 28 cm de lo que pudo
ser un menhir que hoy se encuentra en el suelo hacia
los 230-240 grados. En este crónlech además
da la sensación de que quisieron señalar un arco
que se dibuja malamente de 280° a 339° en el que tengo
apuntado que a 294° hay un testigo ‘regular’ y a 226°
una piedra ‘geométrica, rota e inclinada’. Resulta notable,
la subjetividad que entrañan todas estas observaciones,
que, tengo comprobado, cambian sus matices de una visita
a otra, obligando a reflexionar sobre las soluciones
encontradas. Con todo, resulta obligado pensar que debieron
de estudiar no una posición determinada del firmamento
sino toda una secuencia estelar.
El brochazo en dos tiempos, de uno
al otro lado de la Vía Láctea, de Sirio a Antares, ambos
al orto, reflejado en el comienzo de la secuencia del
Grupo Hesíodo y en el final de la secuencia del Alineamiento
de las Puertas celestes de las almas, no me disgusta
para Okabe; es más, lo encuentro preludio de cuanto,
más o menos en igual dirección y en cualquier caso en
la misma banda, nos encontramos al otro lado del espacio
geográfico en Agiña I, en los dos crónlechs secantes
de Oianleku y en Jaizkibel II y en sentido opuesto con
el valle de Hecho y sus más de doscientos círculos.
Los monumentos 22, 23, 24, 25 y 26
tienen otra factura y parecen, si cabe, más difuminados
¿crónlechs tumulares en estado gaseoso? Serían excusas.
Diría, por el contrario, que el crónlech 21, en línea
con los citados Rigel y Antares, sólo puede pertenecer
a la Osa Mayor —o a la Corona Boreal, que sería otra
historia, ¿la de Ariadna?— que se encuentra en el camino
de ambas y he elegido a su h, Alkaid, por encontrarse ésta, como sobre
el terreno, mas cercana de Antares. El alineamiento
de las tres elegidas: Antares, Alkaid y Rigel, para
representar los extremos y el pivote del alineamiento,
interseca la eclíptica allá por donde más le duele en
esta historia el tramo que va de Tauro a los Gemelos,
llevando de manera natural, con corrección geométrica
a Aldebarán, El Nath y Alhena, a los crónlechs tumulares
24, 25 y 26, respectivamente, en relato que considerándolo
de otro plano lo escribieron con letra
diferente —ya nos tienen acostumbrados al túmulo en
variadas formas al tratar de los planetas, la eclíptica
y sus aledaños—, al igual que los monumentos 22 y 23
que subrayan la historia, el primero con una estrella
de Cefeo, centro de la Vía Láctea y el segundo con una
de la Ballena, al otro lado de la eclíptica y enfrente
de Aries, constelación equinoccial en la época.
El eje, mejor banda —como la zodiacal—
que va de Okabe a Oianleku norte, tal vez de Millagate
a Jaizkibel II, ó, incluso, de Orhi, o de Petrechema
y valle de Hecho, a Peñas de Aia, es el a y w del crónlech
pirenaico en la vertiente atlántica,
donde, diría además, que los dos primeros, Okabe
y Oianleku norte, son Capilla Sixtina que da cobijo
principal, en el primero al Can Mayor con aditamentos
estelares de diosa de las tres cabezas y en el segundo
a un pérfido Escorpión de concepción grandiosa y estado
de conservación lamentable.
arriba
|