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COMENTARIO
MITICO-RELIGIOSO
El
crp es hijo de las creencias existentes en el Pirineo
en la época de su construc-ción, y del
paisaje y entorno geográficos que permanecen.
Estas creencias pueden deducir-se del significado astronómico
del crp. Comprobado que se trata de estrellas, surgen
pre-guntas que, se vienen formulando y tratando de responder
en los trabajos que se están dan-do a conocer.
En Arihouat, dado el gran número de sepulturas
encontradas en y, sobre to-do, alrededor de círculos
equiparables con estrellas, probada la equiparación,
conviene tener en cuenta las sepulturas que se hallan
fuera de los círculos, hecho hasta ahora extraño
en otros grupos estudiados.
En
el triángulo: K-A-120, situaron fuera de los
círculos, según se desprende del es-tudio
de Müller y refleja el plano general, un elevado
número de sepulturas, hecho que bien pudiera
ser consecuencia de creencias escatológicas astrales,
ya reflejadas con varian-tes en otros lugares del Pirineo.
Cumont en el tan mencionado Astrology and Religion among
the Grecs and Romans, Kessinger Publissing Co. Montana,
en el capítulo VI Scato-logy p. 167 y siguientes,
da una idea clara de las creencias que, sobre el mundo
de ultra-tumba, históricamente y de acuerdo con
su época, pudieron tener los constructores del
crp. Apunta:
·
En la p. 174: "Ciertas creencias encontradas entre
los pueblos primitivos, junto con otras muchas, conciernen
a las almas de los muertos marchando a habitar la luna
o el sol, o con igual imaginación, que sus crecientes
huestes forman la multitud de estrellas o la muchedumbre
a lo largo del camino de la Vía Láctea."
·
En la p.183: "¿Cómo subían
las almas a las estrellas?
Se
puede decir que originariamente hicieron uso de todos
los modos de locomoción: ascendían a los
cielos a pie, a lomos de caballo, en carros, e incluso
recurrían al transporte aéreo. Entre los
antiguos egipcios, el firmamento fue concebido estando
tan cercano a las montañas de la tierra que era
posible subir a él con la ayuda de una escalera."
·
En la p. 185: "Finalmente, hay una creencia de
origen sirio muy extendida, por la que las almas volaban
al cielo a lomos de un águila. Según la
historia, Etana en Babilonia y Ganimedes en Grecia,
fueron transportados de esta manera."
  No
obstante las citas realizadas, me parece prematuro hacer
afirmaciones  sobre
la religión astral pi-renaica. Se trata más
bien de llamar la atención sobre la  abundante
literatura cuyo contenido explica en bue-na parte el
porqué del crp. En  este
sentido, Franz Cumont, merece un detenido estudio. Al
margen de lo ya   dicho,
su libro: Les Religions Orientales dans le Paganisme
Romain, quatrième  édition,
Librairie Orientaliste Paul Geuthener, Paris, 1929,
que da cuenta de las  conferencias
pronunciadas sobre la cuestión en el Collè-ge
de France en 1905, es  todo
un referente de las religiones que pudieron haber inspirado
al crp. El libro está  plagado
de notas cuya detenida lectura junto al texto, nos lleva
a las fuentes   utilizadas
por Cumont y a percibir que, en buena medida, nos encontrados
ante el  auténtico
origen y significado del crp. El capitulo V, titulado:
Siria, pudiera tener un  interés
especial. El lector español cuenta con una traducción:
Las religiones   orientales
y el paganismo romano, Ediciones Akal, S.A., Madrid
1987, de la que  todavía
hace algún año se encontraban ejemplares.
Esta versión española que  parece
traducida de una edición anterior a la cuarta
francesa, carece del útil índice  de
ésta y sus notas son menos numerosas.
Creencias
todas que dan sentido a buena parte de las representaciones
estelares con círculos de piedras del Pirineo,
y, más concretamente, a las manifestadas en Arihouat:
su-bida a los cielos en carro -Auriga-; ascensión
a lomos de un Águila y morada en la Vía
Láctea -principalmente en el TV-. Estas representaciones,
tan abundantes todavía en el Pirineo, cuyo significado
tiene, como vemos, inequívocos antecedentes históricos,
al mar-gen de pequeños matices y disparidades,
inducen a enunciar de manera general pero con fundamento:
'los constructores del crp, creyeron que las almas,
al incinerar los cuerpos ascendían al firmamento'.
La literatura histórica existente sobre tales
creencias, como se viene concretando en los trabajos
realizados durante los últimos años, puede
considerarse como muy extensa. En este sentido Arihouat,
es una ejemplo diferenciado que, destaca de manera especial
a la Vía Láctea y señala al menos
cuatro posiciones de la misma: de norte a sur, dos veces,
una con Sirio en culminación y la otra con Altair
en culminación, posicio-nes que se aprecian en
los círculos que van del A al 96 que son toscamente
solsticiales; en tanto que, las posiciones de la Vía
Láctea en situación E.-O., alta en el
cenit a la salida de Sirio, o pegada al horizonte a
la salida de Altair completando el TV y puesta de Proción
llevándose el TI son, también de manera
tosca, equinocciales. La Vía Láctea, nos
dice Norman Davidson en Astronomy and the Imagination,
Routledge & Kegan Paul Ltd New Cork, 1985, p. 160:
"Es un difuso e insustancial tipo de zodíaco
que zigzaguea alrededor del horizonte -en azimut- y
desde lo más alto a lo más bajo -en altitud-."
Es así y se puede decir que, en Arihouat, como
casi siempre en el crp, los círculos de piedras,
además de cumplir una función funeraria,
adicionalmente pudieron servir para señalar las
épocas del año. Queda la duda, por no
haberlo visto escrito, de que si cuando la Vía
Láctea estaba baja en el horizonte, aprovechaban
las almas su tocante posición con la tierra para
ascender a su morada astral, hecho que multiplicaría
los lugares de ascensión. No es este el momen-to
de hacer una recapitulación sobre la cuestión,
que, sin embargo, se viene tratando con asiduidad a
través de todo el estudio; es notable, como se
ha dicho en alguna ocasión, el número
de topónimos que, con la ayuda de lenguas diferentes,
están relacionados con el vocablo 'escalera'.
Otros
autores como Giorgio de Santillana y Hertha von Dechend
en Hamlet's Mill (An essay on myth and the frame of
time) David R. Godine, Publisher, Inc. 1977, Boston,
también dan luz sobre estas cuestiones. Santillana
y von Dechend, inician el capítulo XVIII, The
Galaxy, p.242, con estas palabras: "Se creyó
que los espíritus de los hombres, entre las encarnaciones,
moraban en la Vía Láctea. Este concepto
ha sido transmitido como una tradición órfica
y pitagórica, encuadrada en el marco de la migración
del alma." El apéndice 29, del citado libro,
también está relacionado con estos conceptos.
  La
insistencia en representar la Vía Láctea,
tan evidente en Arihouat como en  todo
el crónlech pire-naico y en el propio Camino
de Santiago, nos mueve a   cambiar
la opinión, realizada al comenzar el escrito,
de no mentar la malhadada  toponimia
en este trabajo. Richard H. Allen, en Star Names their
Lore and Mea- ning,
Dover Publicatios, Inc., N.Y., en la p. 475, refiriéndose
a la Vía Láctea, dice:  "Por
lo general, sin em-bargo, en Judea fue Aroch -en Armenia
y Siria, Arocea-,  palabra
no de diccionario, pero evidentemente desde Aruhah,
una Larga Franja,  está
bien aplicada a esta larga banda de luz."
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