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EPILOGO
Ayer,
24 de noviembre de 2004, visité por primera vez
lo que queda de Arihouat. Según se mire, poca
cosa, principalmente: unas cuantas piedras del círculo
A -Vega-, rematado al sur, sobre el parking en el que
estuvo Altair con el Águila, por un murete de
piedra con una placa que dice: NECROPOLE D'ARRIHOUAT-GARIN
VIII-VII SIECLE AVANT J.C MONUMENT-A.
Sin
comentarios.
Sin
embargo, Arihouat continúa siendo un lugar de
observación astronómica a ojo desnudo
excepcio-nal en toda la vuelta del horizonte, como tantos
otros lugares pirenaicos abundantes en círculos
de piedras. Todavía, dentro y en las proximidades
de la necrópolis, se encuentran piedras de gran
tamaño que podrían servir de referencia
para seguir los movimientos de las estrellas en el conspicuo
horizonte local. Sin entrar en detalles, el Norte -Fotografía
1-, el Sur -Fotografía 2- y el cercano Cap de
Pouy al SE., y en general toda la vuelta d horizonte,
reúnen todas las características para
haber propiciado en el pasado una construcción
de tan alta precisión como la descrita por Müller
en su trabajo.
De
entre las observaciones que pudieran hacerse de la lamentable
pérdida de la necrópolis de Arihouat,
personalmente, extraigo dos:
1-
Cuando, antes de demoler unos monumentos, se realiza
un trabajo concienzudo y serio para dejar constancia
de cuanto existía, no se ha perdido todo, se
puede recuperar la esencia y el significado de lo que
fue. Y, no es poco.
2-
En el estado actual de la cuestión, considerar
al crp únicamente como monumento funerario, es
in-suficiente para evitar su progresiva desaparición.
El interés de la construcción de una pista
forestal, de un parking o de lo que fuese, acorde con
intereses de hoy, bastan para demoler vestigios de cabecera
de nues-tra civilización, de bastante más
calado que los mejores cuadros de los principales museos
del mundo.
Arihouat:
R. I. P.
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Fotografía
1
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Fotografía
2
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arriba
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