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ESTADO DE LA CUESTIÓN
Juan
José Ochoa de Zabalegui
El
estudio del crónlech pirenaico comenzado por el autor en agosto
de 1986, ha ido plasmándose hasta hoy en tres escritos:
-
Del
significado del crónlech pirenaico (Notas preliminares)
1990.
Tirada
de 25 ejemplares impresos directamente del ordenador.
Se trata de un escrito de 43 páginas de tamaño DIN A4
en el que apuntando ya que todos
los crónlechs pirenaicos representan estrellas,
a continuación se hacía una interpretación-clasificación
en orden a una hipotética equiparación de algunos grupos
con determinadas constelaciones. Bien mirado era natural,
si se había llegado a la conclusión de que representaban
estrellas parecía lógico que cuando formaban grupo pudieran
compararse a constelaciones hoy vigentes. Los aciertos,
por decir algo, fueron prácticamente nulos: un medio pleno
y algunas aproximaciones parciales mal argumentadas, de
22 grupos tratados, y, silencio absoluto ante la propuesta.
-
Del
Crónlech Pirenaico (Descodificación astronómica de una
religión olvidada) Editorial Txertoa, San Sebastián (1998):
616 páginas, en las que:
Entiendo que se demuestra cumplidamente la igualdad
crónlech = estrella, después de interpretar 70 grupos
y de equiparar razonadamente un total de 322 crónlechs
de los que pasados dos años, de momento, diríase
que solamente fue mal interpretado uno, el 0100-03-24
Pagolleta, cuya solución hoy, vistos crónlechs en otras
cuencas hidrográficas, se debe de enfocar de otra manera.
Se propone para los grupos de crónlechs una clasificación
decimal aplicando criterios de estricta geografía física
que está resultando muy útil.
Se hace notar la importancia de la toponimia derivada
de la lengua vasca que permite en numerosas ocasiones
encontrar significado astronómico a más de un grupo, recuperar
el nombre vernáculo de más de una constelación y probar
el carácter sagrado que tuvieron en la época algunas ellas.
Se daba cuenta de que, de manera general, los grupos
de crónlechs siguen unos alineamientos topográficos relacionados
con los que tienen las montañas señeras de la zona de
emplazamientos. Observación que en modo alguno constituye
una novedad puesto que, refiriéndose a otros lugares y
monumentos, Alfred Watkins, ya en 1925, en The Old
Straight Track, da cuenta de la existencia de alineamientos
de monumentos prehistóricos, que llamó "leys".
Por ultimo, en dicha obra, se apuntaba la idea
de que el soporte histórico que, una vez descodificado
el crónlech astronómicamente, permitiría conocer la auténtica
intencionalidad de estos monumentos, había de buscarse
en Babilonia, Egipto y en los entresijos de la mitología
clásica, tanto en razón a los indicios que proporciona
un primer contacto con el crónlech como un somero tratamiento
conjunto de la toponimia pirenaica, escarceos que encajan
con precisión en el hecho de que, sin lugar a dudas, el
crónlech pirenaico es asunto del primer milenio a. C.
Todo
ello se dice en la obra, por si fuera poca mezcla, confundido
desordenadamente, con sentimientos y opiniones personales
nacidos al hilo de la investigación que si bien han sido
y continúan siendo el motor de la misma durante catorce
años de aprendizaje continuo, confunden al ser leídas
en un comunicado que no deja de ser científico al romper
el estilo habitual de estos escritos.
-
Crónlech
pirenaico y Camino de Santiago, conferencia pronunciada
el 30 de abril de 1999 en la Universidad de Salamanca,
por invitación del fallecido presidente de la SEAC española
Dr. Jaschek. Confusa exposición de parecido estilo al
del libro en la que sobran la mayor parte de las elucubraciones
toponímicas. Contando sin embargo con aciertos en la interpretación
de los dos grupos que se presentaban así como en la sospecha
de que la originaria peregrinación hacia poniente, que
siglos más tarde en laudable sincretismo se convirtió
en la de Santiago, nacía en el crónlech pirenaico y sus
mistéricas creencias. Investigaciones posteriores que
exceden esta presentación autorizan a realizar con coherencia
estas afirmaciones al tiempo que aconsejan no mezclar
disciplinas.
Los
intentos realizados hasta el presente de divulgar la teoría
crónlech = estrella y de pasar, toda la información acumulada
y el testigo de la investigación a las instituciones o a persona
o personas que estén capacitadas e interesadas en llevarla
a buen término, está fracasando. No se trata de culpar a nadie
incluido el 'investigador privado indocumentado' que, sin
embargo, continúa la investigación, hecho que permite abundar
con nuevos argumentos sobre la certeza de la propuesta. Sin
embargo, ahora se hace un alto en el camino para tratar de
realizar una mejor comunicación de los hallazgos realizados
e intentar de nuevo encontrar colaboración solvente en tan
vasto tema.
El
Dr.David S. P. Dearborn en News from de Center of Archaeoastronomy
en el artículo A Professor of Our Own cita las palabras
del Dr. Clive L.N. Ruggles: <<
" Durante toda mi carrera he estado luchando para situar la
arqueoastronomía sobre fundamentos teóricos
firmes y metodológicos, de manera que los trabajos
de campo muy innovadores sean tomados en consideración
por nuestros compañeros académicos en las muy
diferentes disciplinas con las que está relacionada.
He sentido durante mucho tiempo ( y no soy el único)
que nosotros los arqueoastrónomos necesitamos dirigirnos
más que a nosotros mismos, mucho más, a nuestros
colegas antropólogos, arqueólogos, historiadores
y astrónomos. Pero ellos necesitan ser persuadidos
para escuchar […]"
En
sus estudios (disponibles en la Red) Clive ha caracterizado
la arqueoastronomía como "un campo de trabajo
académico de alta calidad por un lado, pero, de otro,
como especulaciones incontroladas rayanas en la locura.">>
No
soy nadie en los medios académicos ni he solicitado permiso
a los autores para citarlos, lo digo no por disentir de sus
palabras sino para evitar malentendidos , ya que su mención
en modo alguno implica por su parte el reconocimiento de un
trabajo que desconocen. Sin embargo, encuentro ambos párrafos
muy interesantes y merecedores de atención, puesto que en
buena medida, a lo largo de varios años he ido cometiendo
buena parte de los errores que apunta el Dr. Ruggles y, más
todavía, no he sido capaz de encontrar un solo interlocutor,
teniendo la desagradable impresión de hablar únicamente conmigo
mismo. De otra parte, refiriéndonos al crónlech pirenaico,
entiendo que amén de los especialistas citados, entre los
colegas, digamos académicos, sería necesaria la colaboración
de lingüistas que pudiesen realizar un estudio serio de la
toponimia de toda la península ibérica tratando de centrarla
en el primer milenio a.C. bajo "nombrador" vascongado, y,
sobre todo, aunque sea preciso ponerse en guardia contra "las
especulaciones incontroladas rayanas en la locura", resultan
imprescindible realizar "especulaciones controladas",
todo lo controladas que se quieran, pero en materias de por
sí etéreas y a todas luces esotéricas que, si bien se saltan
cuantas reglas académicas queramos establecer, abren de forma
perceptible las puertas del posible significado y misterio
del crónlech que el rigor académico no ha sabido abrir.
Se
termina teniendo la impresión al ir avanzando en un trabajo,
lleno de vestigios diferentes en el que pronto te ves rodeado
por elementos de difícil clasificación, que un intento de
definición prematura de lo que no dejan de ser intuiciones
puede dificultar la resolución y comprensión final del problema.
Arqueoastronomía versus arqueología-astronomía, antropología,
topografía, historia, lingüística, etc., con sus respectivas
reglas, sí. Pero, atención, el trasfondo del crónlech pirenaico,
a pesar de estar relacionado con ellas, no está en estas disciplinas
académicas, está más bien:
-
En
el paisaje cuando se le mira de forma hoy rara la
de ellos, pero sobre el terreno, no en la mesa del
despacho. En los alineamientos y disposición de las montañas.
-
En
el rodar celeste visto con ojos de Arato por citar
a alguien de salidas y puestas simultáneas de los
astros referidas al horizonte en estudio.
-
En
la mitología de Babilonia, Egipto, Grecia, Roma, etc.
-
En
los autores clásicos, casi sin distinción, que mencionan
en ocasiones de forma concreta, tal Hesíodo en algunos
versículos de Trabajos y Días , efemérides astronómicas
reconocibles en algunos grupos de crónlechs. O en otros
autores que de manera solapada, tal Homero en el enigmático
relato de la gruta de Ítaca [Odisea, canto XIII
102-112], cuyo esoterismo pone de manifiesto Porfirio
Tiro 234 d. C., Roma 305 d. C., no menos de
siete siglos más tarde, en El antro de las ninfas de
la Odisea donde se concreta un tanto la escatología
que pudo ser la de los constructores del crónlech, relacionada
a su vez con la expuesta por Franz Cumont en Astrology
and Religion among the Greeks and Romans (1912), Kessinger
Publishing Company, Montana, página 167 y siguientes.
-
En
autores más o menos contemporáneos como el citado Cumont,
Valentia Straiton, J. Norman Lockyer, Adrian Gilbert,
etc., quienes entre errores Cumont aparte, Cumont
resulta muy fiable y bien documentado apuntan ideas
que encajan bien tanto en el crónlech como en la oscura
y relegada época en que las religiones celestes imperaron.
Incluso, la lectura detenida de L'ésotérisme qu'est-ce
que l'ésotérisme? Anthologie de l´ésotérisme occidental
de Pierre A. Riffard, Éditions Robert Laffont, S.A., 1990,
cuya cuarta reimpresión es de 1996, junto con las referencias
que cita el libro, proporciona una idea, sin mentarlo
siquiera, bastante precisa del significado religioso del
crónlech. Así, en la página 335: <<Los
"Caldeos" en realidad los sacerdotes de Babilonia
fueron los primeros en avanzar la tesis de una analogía
entre los planetas y las almas.>>,
información que según nota del autor procede de Filón
de Alejandría 13 a. C., 54 d. C.; en la página
467, dice: <<De otra parte,
el orfismo y el pitagorismo han desarrollado una mística
astral. Para los antiguos griegos, durante el solsticio
de verano, las almas descendían del cielo a la tierra
por la puerta de Cáncer, llamada puerta de los hombres,
y ellas volvían de la tierra al cielo durante el solsticio
de invierno, por la puerta de Capricornio, llamada puerta
de los dioses (Porfirio, El antro de las ninfas de
la Odisea).>>
En
definitiva, evitando "la especulación incontrolada rayana
en la locura", no se puede eludir, si se pretende adentrarse
en el conocimiento del crónlech, una cierta "especulación
controlada": especular sobre algo relacionado con el
crónlech, controlar y rectificar
cuando haya lugar. La equiparación crónlech-estrella se realiza,
en buena parte, con la ayuda de la astronomía clásica, pero
aproximarse al auténtico significado y al porqué de tales
representaciones obliga a adentrarse en conocimientos y sentimientos
olvidados, pudiera ser que en razón del carácter mistérico
de aquella religión que, en alguna medida, da la impresión
que es cercana a algunos misterios de la época: ¿Misterios
de Eleusis, Misterios de Dionisio…?, como hipótesis de trabajo,
diría "misterios naturales", imposibles de concretar
todavía pero de los que se pueden encontrar escritos bien
fundamentados nada esotéricos, científicos, que en alguna
manera enlazan y dan luz con los documentados estudios de
Franz Cumont sobre el "misticismo astral", expresión
y concepto que desarrolla este autor en el capítulo V Página
139 del ya mencionado Astrology and Religion among
the Greeks and Romans, que comienza mostrando extrañeza
por el éxito de una religión árida y abstrusa basada en las
teorías de la mecánica celeste …<<La
respuesta es que este potente sistema, que se engendra a sí
mismo para satisfacer la inteligencia hace una llamada más
eficaz a la emoción. Si
los cultos del este pretendían responder a todas las cuestiones
que el hombre se hace concernientes al universo y a sí mismo,
ellos también apuntaban a remover sus emociones, despertando
en él el impulso del éxtasis.>>
[…] para remachar, más adelante, <<…
esta "emoción cósmica"
que siente todo hombre y la transforma en un sentimiento religioso.>>
El subrayado es mío, diría que Cumont, como antes los estoicos,
poco después de los constructores del crónlech, da la clave
para que, una vez controladas las "especulaciones incontroladas"
y las emociones que produce, al menos en algunos, la contemplación
de la naturaleza, bóveda celeste incluida, acercarse a intuir
el estado de trance por el que debieron de pasar los "inventores"
primero de las religiones astrales y luego de la expresión
artística que se concretó en el crónlech pirenaico, fruto,
tanto de una depurada técnica astronómica como del conocimiento
de un territorio al que sólo se le puede sacar partido como
soporte de una obra de arte bajo el influjo de emociones que
aun no pretendiendo definirlas debieron de existir. ¿Cómo
no irse entonces tras ellas, a riesgo de rozar el descontrol,
pero con la esperanza de descubrir el porqué de unas construcciones
que en lo tocante a la pura técnica astronómica son un auténtico
y verificable primor?
Cumont
en la obra arriba citada va dejando rastros, desde la primera
página, de fácil encaje en la olvidada religión que pudo inspirar
el crónlech, al menos como hipótesis inicial de trabajo. De
dicha obra se puede entresacar:
-
De
la página 21: citando a Jastrow, Die Religion Babyloniens
und Assyriens, ii., p. 432 <<
La ciencia de la observación de los cielos, que había
sido perfeccionada poco a poco por los sacerdotes, llegó
a ser en sus manos un cuerpo de doctrina astral, que nunca
perdió la fragancia de la escuela, pero que sin embargo
permitió la religión babilonia entera, y al menos en parte
la transformó.>>
-
De
la página 23: << El Prof.
Jastrow, el mejor juez en estas materias, no titubeó en
considerar el verdadero culto sideral, el que nació en
Babilonia bajo la influencia de las eruditas teorías desarrolladas
por la casta sacerdotal, como una religión nueva.>>
-
De
la página 24: << Las nuevas
doctrinas fueron reconciliadas o combinadas después
de una transformación con los viejos credos emplazando
la morada de los dioses en las estrellas o identificándoles
con éstas.>>
-
De
la página 26: << Podría contemplarse
como probado que esta religión astral alcanzó el éxito
en la sexta centuria a. C.>>
Las
referencias clásicas a la creencia de dos puertas de
transito de las almas, la una al nacer, la puerta norte,
y la otra para retornar después de la muerte del hombre
a los cielos por el lado en que el camino de los planetas
cruza la Vía Láctea del Escorpión a Capricornio, están
lejos de citarse todas aunque está previsto hacerlo.
De momento parece más urgente realizar unas aclaraciones
sugeridas por las referencias ya estudiadas. En primer
lugar se ha preferido titular
puertas celestes de Macrobio
en lugar de ponerles el nombre de otro autor más antiguo
por entender que en los Comentarios al Sueño de Escipión
de Cicerón de Macrobio es donde tal vez se dé la
explicación más precisa de las tales puertas amén de
ser la referencia más comúnmente citada por los autores
que tratan del hecho. En segundo lugar se debe reseñar
la imprecisión, entre los distintos autores sobre la
posición que ocupan en los cielos las mentadas puertas,
todos coinciden en que están situadas en los tramos
de la eclíptica que cruzan la Vía Láctea pero resultan
bastante dispares y abren en exceso su información a
la hora de concretar un punto exacto dentro de dichos
tramos. Macrobio por ejemplo especifica: <<
Es por esta de los hombres o por Cáncer que salen
las almas que hacen el camino hacia la tierra; es por
la puerta de Capricornio, o puerta de los dioses, que
suben las almas hacia la sede de su propia inmortalidad,
y donde van a colocarse en nombre de los dioses; y es
esto cuanto Homero ha querido representar en la descripción
del antro de Ítaca.>> Situando
verdaderamente las puertas en los puntos solsticiales
de la época Cáncer y Capricornio, aunque para decir
pocas líneas más adelante: <<
También el primer africano dice al joven Escipión, hablando
de las almas de los bienaventurados, y mostrándole la
Vía Láctea: "Estas almas han partido de ese lugar, y
a ese lugar vuelven.">>
Y, sin entrar en detalladas enumeraciones de diversos
autores, como contrapunto, se copia parte de cuanto
al respecto dice en Los Reyes Magos, Adrián Gilbert
tal como se reflejó al tratar de los crónlechs de Agiña:
Página 341: << En
The Mayan Prophecies puse de relieve, por cortesía
de Hamlet's Mill, la creencia difundida en todo
el mundo antiguo de que en ambos "extremos"
de la Vía Láctea había una puerta de acceso a las estrellas.
Según
Santillana y Dechend estas puertas se encontraban en
el punto donde la eclíptica, o trayectoria anual del
Sol, atravesaba la Vía Láctea. La puerta meridional
estaba cerca de la cola de Sagitario y la septentrional
en Géminis, cerca de la posición del "apretón de
manos" sobre Orión. Esta idea era bien conocida
en tiempo de los romanos y es recogida por Macrobio,
un escritor de principios del siglo V d. C.>>
Manifestaciones
ambas las de Macrobio y Santillana y Dechend que vienen
a demostrar que las puertas de entrada y salida de las
almas en los cielos tuvieron un emplazamiento un tanto
elástico que es preciso recalcar porque en el crónlech
pirenaico se encuentran dibujadas con parecida elasticidad,
si bien, hasta el momento al menos, dentro del tramo
que para la puerta norte va de Tauro a los Gemelos y
para la sur del Escorpión a Sagitario. Asunto sobre
el que se habrá de volver tanto al tratar de los grupos
individualmente como en resumen que analice semejanzas
y diferencias de los distintos grupos.
Entre
tanto, conviene aclarar la cronología de unos hechos
cuya acertada determinación resulta fundamental para
su aceptación como tales. Estamos tratando de hallar
la justificación religiosa de unos crónlechs construidos
hacia el 600 a. C. con documentos grecolatinos escritos
varios siglos más tarde, que implican por tanto, que
la ejecución de aquellos como expresión material religiosa
precedió en varios siglos a su manifestación escrita,
al menos en griego. Empresa que, bien mirada, sólo tendría
fundamento si procediese de principios no generados
en Grecia misma aunque si puestos de moda, cobrando
vigencia en ella, con posterioridad. Se suele considerar
como uno de los iniciadores de la astrología griega
a Beroso 340-290 a. C., mesopotamio, sacerdote
Caldeo de Bel en Babilonia que escribió un trabajo,
en tres libros en griego sobre la historia y la cultura
de Babilonia. Beroso fue ampliamente utilizado por los
posteriores compiladores griegos. En su primer libro
Beroso describió la tierra de Babilonia hasta la que
el mitad hombre mitad pez Oanes y otras divinidades
salidas del mar ¿tal Ea, como se ha dicho al descodificar
algún grupo? trajeron la civilización, y la historia
de la creación de acuerdo con la leyenda primitiva que
conduce a una reseña de astrología caldea. El segundo
y tercer libro de Beroso contienen la cronología de
Babilonia y de la última Asiria. Textos cuneiformes
escritos en lengua acadia asirio-babilonia
han corroborado en gran manera el relato de Beroso.
Los nombres originales de los siete predecesores de
la civilización según Beroso (Oanes y sus hermanos)
están incluidos en una tardía tablilla babilonia encontrada
en Uruk (moderno Warka), según dice la Enciclopedia
Británica. Buena parte de los hoy mermados escritos
de Beroso, dan un cierto soporte filosófico e incluso
etimológico, como se ha estudiado en algunos grupos,
a la razón última del crónlech pirenaico y contribuyen
a irlo deslizando con fundamento y cronología ajustada
hacia sus orígenes en el Oriente Medio, con independencia
de que su respaldo bibliográfico actual, desaparecida
la Biblioteca de Alejandría, al margen de la ayuda que
suponen algunas tablillas babilonias ya descifradas,
deba ser soportado principalmente en escritos griegos
y latinos algunos muy posteriores a la construcción
del crónlech, entre ellos, los de Beroso pueden formar
parte de uno de los tantos eslabones, más que perdidos,
no engarzados en esta hermosa historia.
En
Orgarata, va para siete años, se dijo algo personal
que me gustaría repetir:
| |
<<En
torno a estos crónlechs, a lo largo de ocho años, el
autor ha madurado su teoría. Tal vez por eso sea Urgarata
el lugar adecuado para hacer unas recapitulaciones de
parte de lo que en el archivo del grupo 0100-01-017
Urgarata, se ha ido acumulando.
En
primer lugar, corresponde indicar en el grupo 17 de
Onyi-Mandoegi que la interpretación astronómica del
crónlech pirenaico, pudiera no ser un asunto de astrónomos,
sino, más bien, de modestos contempladores de estrellas.
El D.R.A.E., define contemplar, en primera acepción,
de la siguiente manera: <<1. Poner atención en
alguna cosa material o espiritual>>. De contemplador
-contemplativo-, dice en segunda y tercera acepciones:
<<2. Que contempla. 3. Que acostumbra a meditar
intensamente>>. Al tiempo, define meditar como:
<<Aplicar con profunda atención el pensamiento
a la consideración de una cosa, o discurrir sobre los
medios de conocerla o conseguirla.>>
Del
vocablo contemplador referido a las estrellas, tuve
conocimiento por primera vez, leyendo, traducido al
castellano, el librito de Edmund James Webb: Los
nombres de las estrellas. En un principio, recuerdo
que me chocó el maridaje de las dos palabras, contemplador
y estrellas, pero ahora reconozco que es el adecuado
para quien trata de leer en el firmamento a través del
crónlech pirenaico sin conocimientos de astronomía,
tal y como se entiende esta ciencia.
El
libro de Webb, no tiene desperdicio y ya en su primer
capítulo: "La función del contemplador de estrellas",
dice cosas como las siguientes:
Por
eso, tengo la esperanza de haber dejado, en los capítulos
de este libro, algo que pueda interesar, y hasta ser
útil quizás, a los contempladores de las estrellas,
si queda todavía alguno, que me sobrevivan.
Y
digo "si queda todavía alguno" porque si hubiera muchos,
uno no tendría que combatir tan a menudo la creencia
común de que cualquiera que demuestre ser un contemplador
de las estrellas debe, a la vez, ser astrónomo. Esta
equivocación es inocente; diciéndolo vulgarmente, divierte
a los contempladores de estrellas y no le hace daño
a nadie. Pero no podemos decir lo mismo del error opuesto
y común; a saber, que el astrónomo debe ser también
un contemplador de las estrellas. Desgraciadamente,
en nuestros días, nada hay que diste más de la verdad;
muy a menudo se cree que todo hombre que sepa lo que
ocurre en el interior de las estrellas debe tener un
conocimiento igual del aspecto del firmamento, y se
da por sabido de la misma manera, que si un hombre puede
hablar con autoridad de lo que actualmente se piensa
de las estrellas, debe tener un conocimiento igualmente
preciso de lo que se solía pensar de ellas en la Antigüedad
en otras palabras, se cree que el conocimiento
de la astronomía actual supone estar igualmente familiarizado
con su historia. En las páginas siguientes espero convencer
a mis lectores, si llego a tener alguno, de que esta
suposición no tiene visos de verdad.
El
mero contemplador de estrellas, aunque no tenga necesariamente
que ser indiferente a lo que ocurre en su interior,
a los átomos y a los componentes de los átomos con que
se deleitan los astrónomos modernos, conserva ese amor,
ese gusto por el aspecto del cielo estrellado que ha
poseído al hombre desde que se elevó a la dignidad de
humano, y tal vez haya sido la causa de que la haya
alcanzado. Mientras las contempla, puede sentir todavía
la alegría del pastor homérico, la veneración de egipcios
y caldeos, la curiosidad de los primeros matemáticos.
La centelleante Sirio, amada, nombrada y estudiada por
hombres que vivieron hace cinco mil años, es todavía
más atractiva para él, inclusive, que su compañera recientemente
descubierta, una enana blanca, que, a simple vista,
ningún ojo humano ha visto ni verá jamás. Y cuando se
trata de averiguar el desarrollo de la antigua astronomía,
el contemplador de estrellas tiene una clara ventaja
sobre el astrónomo que no lo sea. Porque los primero
astrónomos fueron contempladores, sin que importe en
lo que se hayan convertido sus sucesores.
Y,
termina el capítulo: …he llegado sin embargo a redescubrir
verdades olvidadas, de las que no puedo menos que pensar
que tiene mucho más valor del que se les concede hoy
día.
Edmund
James Weeb, murió el 17 de noviembre de 1945. La lectura
de Los nombres de las estrellas, amén de producir
variadas satisfacciones y enseñanzas, invita a pensar
que en esto del crónlech pirenaico y su significado:
contemplador de estrellas es a astrónomo, como contemplador
de piedras es a arqueólogo. Dicho sea en defensa de
astrónomos y arqueólogos. No hace falta decir que uno
se considera solamente contemplador de estrellas y piedras.>>
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Han
pasado bastantes años, desde que copié aplaudiendo y, más
tarde, publiqué estas observaciones de Webb, pero ahora veo
que las había olvidado, que se habían quedado atrás en el
camino, que no he sido consecuente y fiel a mis creencias.
He estado mucho tiempo tras astrónomos y arqueólogos, creyendo
que en ellos podría estar la clave del posible reconocimiento
de la teoría crónlech = estrella, es más, comencé a escribir
estas notas dirigiéndome en realidad a ellos, ahora veo que
para continuar en el error. El profesor Clive Ruggles comenzó
a sembrar las dudas de efecto retardado: "especulaciones
incontroladas bordeando la locura", evidentemente tiene
razón , pero, ¿hay quien se considera a priori capacitado
para controlar especulaciones ajenas?, ¿se pueden poner reglas
a lo que se desconoce?, ¿teorías que luego resultaron válidas
o ciertas, en su origen, no han partido siempre de especulaciones?
Respecto al crónlech pirenaico existe la creencia oficial
generalizada, expresada por activa y pasiva en libros de texto
y enseñada a los alumnos de enseñanza media y de las universidades
de que se trata, únicamente, de monumentos funerarios ¿Quién
es capaz de sacar de su error, mejor indiferencia, a un reconocido,
solvente y prestigioso catedrático? ¡Oiga!, para empezar no
vamos a hablar de nada complicado sino de los Tres Reyes de
Orión que están representados aquí, allá y … nada, no hay
manera, no escuchan, ya saben ,y, además, ahora veo,
¿otro chiflado haciendo especulaciones incontroladas?
En
fin, el Dorado de la arqueoastronomía o lo que sea
sin menoscabarla, no está en Egipto ni en Sudamérica,
está en el Pirineo. La pequeña localidad navarra de Arano,
por el estado de conservación de los monumentos que alberga
y por sus condiciones geográficas, podría ser con Okabe, el
centro adecuado en lo didáctico y productivo en lo económico
para iniciar la recuperación del todavía rescatable crónlech
pirenaico.
Y,
¿ usted quién es para hacer manifestaciones tan rotundas?
Un
don nadie en estas disciplinas, incapaz de interesar en sus
afanes a una sola persona solvente y acreditada en la materia,
pero que continúa en busca de persona crítica, sin ideas preconcebidas,
de prestigio internacional reconocido en ¿arqueoastronomía?,
o, simplemente, de un alumno trabajador, amante de la naturaleza,
de la verdad…. Alguien que, además, al margen de valores culturales,
llama la atención sobre el incalculable interés económico
para los habitantes de amplias zonas del Pirineo, de estas
demostrables realidades.
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